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martes, 13 de abril de 2010

Elogio del Horizonte


Está concebido a partir de un modelo de pequeño formato, que ha ido ''creciendo'' hasta alcanzar diez metros de altura y un peso de 500 toneladas, situado situado en el antiguo emplazamiento militar recuperado en los años ochenta. Está realizado en hormigón armado a partir de dos pilares que actúan como soportes de una elipse abierta. Con sus brazos acogedores y su cuerpo sólido y, a la vez liviano, el Elogio parece querer lanzarse a volar. Nave de aires y mares en la que viajar con la imaginación. Paredes desnudas, frías sólo en apariencia. El cielo es el techo de esta casa común, en cuyo interior la música del viento suena. El Elogio del Horizonte es también el elogio de la naturaleza, sobre el promontorio donde hace veinte siglos un pueblo echó raíces y escogió los límites de su hogar. Su autor, Eduardo Chillida, nació en San Sebastián en 1924 y murió en 2002. Recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 1987. Hay esculturas suyas en ciudades como Frankfurt, Helsinki, Dallas, Paris, Houston, San Sebastián, Dusseldorf o Berlín. Es un lugar de observación privilegiada de todo el concejo de Gijón. Desde aquí se puede ver el barrio de Cimadevilla en primer lugar, la zona del ensanche de la ciudad del XVIII de Jovellanos (calle Instituto, calle de la Merced, etc.); hacia el Este, la playa, el barrio de la Arena, y al final, el barrio de Somió, el parque de Isabel la Católica y la casa de los sueños de la escritora Rosario Acuña. Hacia el Oeste, la vista comprende el barrio del Natahoyo, la Calzada, y el puerto de El Museo, y al final del valle la siderurgia. Hacia el Sur, los límites del concejo con el borde montañoso del “Pico del Sol” y el “Pico San Martín” y los relieves de cuestas y sierras menores hacia Oviedo por donde discurren las comunicaciones y se han asentado muchas industrias.

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